"Un día me desperté y no estaba. Aun buscándome en mis propias tinieblas no encontraba rastro alguno, hasta llegar a avistar una casi imperceptible estela color escarlata que me condujo, directamente, hasta mí misma. Entonces me prometí no volver a perderme."
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Mostrando entradas de 2014
La escasez del olvido
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Le conoció demasiado pronto. Los planes que ya desde un comienzo había trazado para su futuro se demolieron ante la visión de poder pasar una vida junto a él. Quiero tumbarme a tu lado a ver pasar el tiempo, y sentir que no superamos los segundos, inmóviles ante nosotros. Era invierno y sus pensamientos se congelaban modelando estrellas de recuerdos no olvidados. Caían entonces al suelo, cubriéndolo por completo, y ella resbalaba en la alfombra de sus memorias; nadando en ellas, clavándose sus cristales. Fue como un libro que te envuelve con tus páginas, su historia; como una mancha de tinta que, una vez provocada, no para de extenderse por el papel... Le dedicó su existencia, todos los minutos que le fueron brindados por el tiempo. Suplicó a Cronos alargar su letargo y seguir paralizando las horas. Pero, al igual que un libro, todo llega a un fin, y en algún momento uno debe superar leer esa última página que nos lleva al desenlace y final de nuestra ficción. ...
La dama de hielo
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Y entre costosos balbuceos le dijo que le quería... Así, como sin venir a cuento; y de nuevo sus blancos ojos se sumieron en una profunda e indescriptible lejanía. Ni era la primera vez, ni sería la última. Aquel momento de conexión con la realidad, el poder de articular unas pocas palabras, aquel nombre desconocido y después... Nada. Sus codos, firmemente apoyados sobre el reposabrazos de la silla de ruedas y las manos, que caían, al final, inertes, blanquecinas y con marcadas venas azules como si de enredaderas se tratasen. El panorama de cinco largos y dolorosos años. Apoyó la cabeza en su hombro, sin esperar (ni obtener) ninguna reacción por su parte y lloró silenciosamente.
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Esto no es más que, simplemente, una carta a nadie en absoluto, un escrito dirigido a ninguna persona externa a la que se asienta en mi cabeza y, tumbada sobre un sofá rojo de tres plazas, come palomitas mientras observa qué sucede a mi alrededor, tocando los botones emocionales a los que llegan sus dedos, sin ningún plan ni razón aparente: ahora estás triste, ahora esta inasumible apatía, ahora quiero que tengas ganas de correr sin parar, hasta que tu asma te ahogue y te quedes en el suelo, moribunda, entre intentos de gritos de ayuda entrecortados. Se volvió a ver tumbada sobre aquella cama, sola de nuevo, y sintió una profunda y desgarradora nostalgia. Como despertada de un sueño, tuvo que desperezarse antes de volver a ponerse en pie, y todas las extremidades le dolieron al volver a tener que sujetar su propio peso ellas solas, como si durante los últimos meses hubiese tenido algo el lo que apoyarse, un metafórico bastón que la había ayudado a soportar el peso de su conciencia. ...
* Untitled * I (proyecto de relato)
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Contaba con haber hecho algo mínimamente productivo en aquel tiempo el el que, sentada sobre aquella confortable butaca marrón, esperaba a que le llamasen. Sin embargo la recepcionista, una mujer pelirroja con un voluminoso cardado y gafas de pasta amarillas, le había requisado el bolso junto con el libro que tenía para leer ( una antigua edición de "La Metamorfosis" que, aún siendo una obra corta, era incapaz de terminar). Cruzó las piernas y se sacudió extrañada un poco de polvo blanco de las medias; echó la vista arriba y vio cómo parte de la escayola del techo, lleno de humedades, se estaba cayendo justo sobre su cabeza. Se aferró a los reposabrazos y se impulsó hacia arriba y hacia la derecha, dando pequeños saltitos junto con su asiento hasta apartarse del foco de los desprendimientos. Miró la puerta del despacho, que seguía cerrada. A través del cristal translúcido se podía apreciar por momentos la sombra de un hombre, que, paseándose de un lado a otro de la habitaci...
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En cuanto la noticia llegó a la aldea se corrió la voz a una velocidad espeluznante, tal rapidez que hacía dudar de la posibilidad de la existencia de una especie de red psíquica interconectada entre todas las mujeres de más de ochenta años de aquel pueblo ( de aquel, y de cualquier pueblo de menos de mil habitantes, según mis acaloradas investigaciones bajo el flexo de mi mesa de trabajo). Ella estaba embarazada. Pero, ¿quién era el padre? Este dato escapaba del conocimiento de las señoras que podían hacer competencia al mismo FBI, y , sin embargo, no podían llegar a ninguna hipótesis convincente. - Pues este último año no ha salido nada la chiquilla eh, todos los días ha estado su coche frente a casa a las ocho y cuarenta y tres. Y siempre ha venido sola. - Y aquella vez que...? - Una mujer era la acompañante. Que no, que te digo yo que por esta calle no pasa hombre sin yo saberlo, y haber no ha habido ninguno. Un misterio es. - La noté rara desde que vino, d...
Cómo teñirse el pelo con Henna
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Pues bien, después de haberme hecho muuuchos cambios ( y pifias ) capilares en el último año, he decidido terminar definitivamente tiñéndomelo por completo con henna, puesto que es la solución más natural como tinte de coloreado semipermanente. Voy a explicaros tratando de ser precisa cómo lo hice, y no me hago responsable de mis errores a la hora de exponerlo en pasos y explicarlo, ya que soy algo (bastante) negada en el tema. A parte, esto es como yo lo hice, es decir, no sé si es la mejor forma de hacerlo, pero a mí, al menos, me surtió efecto. Comenzemos. Primero, lo que vas a necesitar es: - Henna ( claramente...) : Yo pregunté por ella en la herboristería, y en casi todas tienen de diferentes colores. La compré de la marca de la fotografía, que suele ser la más común ( y el envoltorio sigue siendo el mismo desde que el mundo es mundo). - Guantes: vienen unos con la propia henna, pero son bastante malos así que te recomiendo comprar unos de látex, que además son más cómo...
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No comienzo a escribir esta entrada con nada en mente, la verdad. El título será obra de la obligación al haberla terminado, pero, sin embargo, quiero escribir algo aunque se trate únicamente de un cúmulo de palabras vagas y sin sentido. Cuando era pequeña me caí dentro de una piscina y nadie se enteró hasta que conseguí salir por mis propios medios y fui a decírselo a mi madre, calada de pies a cabeza. Tengo tanatofobia, y creo que es una etiqueta que yo misma le pongo para no admitir mis anormales paranoias acerca de la muerte. No serán una o dos veces las que estoy junto a mi abuelo y tengo ganas de llorar, porque siento lo mismo que sentía con mi abuela cuando tenía Alzheimer. Temo el momento en el que uno comienza a perder la mente, el reconocimiento y el recuerdo, porque creo que nosotros mismos somos ese recuerdo, y nos olvidamos de nuestro propio ser. Cuando era pequeña, de nuevo, tuve un tiempo miedo a traga...
El circo
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Habían corrido tiempos mejores entre todos aquellos telones que, replegándose, daban lugar a aquellas funciones las cuales, desde hacía años, no habían variado un ápice. Los pasados gritos del público, las risas de los niños y el fuego de los malabarismos reflejados en sus ojos era lo que alimentaba aún a los cansados circenses. A pesar de la decadencia que la carpa sufría últimamente. El payaso había perdido uno de sus tirantes, y los zapatos comenzaban a quedarle pequeños, dejando que un voluminoso y mugriento dedo del pie le saliese por la suela, ya despegada. La bailarina, a sus 74 años de edad, empezaba a perder la agilidad y la elasticidad de antaño, y había sufrido unas cuantas roturas de fibra en su última gira. La cantante, que llevaba ya un tiempo con gripe, llevaba sus carraspeos y su ronquera consigo allá donde fuese, con una densa bufanda de lana gris y un tazón de leche caliente con miel en las manos del que nunca se desprendía. La calvicie amenazaba el futuro de la...
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Capitulo 1 Capitulo 2 Capitulo 3 Capitulo 4 Capitulo 5 Capitulo 6 Capitulo 7 Capitulo 8 Capitulo 9 Capitulo 10 Capitulo 11 Capitulo 12 Capitulo 13 Capitulo 14 Capitulo 15 Capitulo 16 Capitulo 17 Capitulo 18 Capitulo 19 Capitulo 20 Capitulo 21 Capitulo 22 Capitulo 23 Capitulo 24 Capitulo 25 Capitulo 26 Capitulo 27 Capitulo 28 Capitulo 29 Capitulo 30 Capitulo 31 Capitulo 32 Capitulo 33 Capitulo 34 Capitulo 37 Capitulo 38 Capitulo 39 Capitulo 40 Capitulo 41 Capitulo 42 Capitulo 43 Capitulo 44 Capitulo 45 Capitulo 46 Capitulo 48 Capitulo 49 Capitulo 50 Capitulo 51 Capitulo 52 Capitulo 53 Capitulo 54 Capitulo 55 Capitulo 56 Capitulo 57 Capitulo 58 Capitulo 59 Capitulo 60 Capitulo 61 Capitulo 62 Capitulo 63 Capitulo 64
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Estoy de pie, con los ojos cegados por una especie de cinta sedosa que he ido tejiendo con mis creencias, pensamientos, y mentiras propias entorno a mi cara. Noto tu aliento a mi lado, como un indicador de que sigues ahí. Y dejo que ese leve calor tome el sentido de mi cuerpo y mis actos. Pero al tiempo dejo de sentirlo, de sentirte. Tengo frío. Un afilado cuchillo está en mi nuca, noto el acero sobre la piel, cómo va ascendiendo lentamente por mi cabello hasta el nudo de la cinta, contándola poco a poco. Y con ella, yo también me rompo, y paso de ser algo bello a un harapo que va cayendo, ondeando, hasta el charco de fango en el que me hundo poco a poco. Con lágrimas en la cara miro donde creía poder encontrarte. Pero te has ido. Y de repente me doy cuenta de que estoy sola. Completamente sola. Y de que siempre lo he estado. Que no hay nada que me ate a alguien excepto el pasado. Y que el pasado es olvido.
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Un día me desperté y no estabas. Al principio pensé que sería una extraña fase vital, como otras cuantas en las que me había visto involucrada. Pero pasaron los minutos: desayunando, leía el periódico y te sentía aún más lejos. Horas, días, semanas, años... Primero creí poder encontrarte en los lugares en los que los demás lo hacían: en mis amigos, mi familia, mi trabajo... mi pareja... pero no estabas. El aire, la música, algún deporte, proyectos, metas... pero no estabas. Te busqué ya en cosas menos comunes: en el atronador ruido del bullicio de una ciudad en hora punta, en el más absoluto silencio del corazón de un bosque, en el sonido del mar; en la oscuridad y la luz de una vela, del sol... pero no estabas. Tras cada puerta, bajo cada piedra, al final de cada escalera, al doblar cualquier esquina, esperaba encontrarte... Fui al psicólogo y no sirvió de nada. Pasé una semana en mi cama, durmiendo, descansando de mi propia vida, y no...
Mi gamusino
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Me miró con esos penetrantes ojos purpúreos, ladeando ligeramente la cabeza, esperando una respuesta a una pregunta no formulada. Agitó casi imperceptiblemente las plumas de sus alas, aunque sin conseguir paliar del todo el nerviosismo que le invadía y abrió ligeramente su hocico dejando entrever unos afilados colmillos de marfil . Todo estaba en silencio exceptuando los latidos de nuestros corazones, que se escuchaban como una percusión mitigada por el esternón, la carne y las costillas. No debía decir nada pero a la par quería decirlo todo. El aceite del candil que nos iluminaba comenzaba a consumirse, y las sombras de nuestros cuerpos se retorcían proyectadas en las paredes, agonizantes. - ¿ No lo sabe, verdad? Las palabras salieron de mi garganta con una voz rota, como partidas por el hacha que era mi razón. Mi cerebro amenazaba con expandirse tanto que haría estallar mi cabeza. Notaba cómo presionaba mi cráneo desde dentro. El pitido de mis oídos eclipsó...
La ausencia, el roce, las ascuas...
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Vivo tumbado en el centro oscuro de un reloj sin engranajes, son ruedas lisas y cordones de púrpura líquida plata, quizá por la luz, quizá porque con los ojos cerrados o en la oscuridad los colores son ninguno y todos a elegir, son los que dices:-Esto es verde...ea.-y te tienes que hacer caso, ¿a quién si no?. Vivo con la certeza de no saber nada en concreto, y vivo me encuentro con que una ágil manecilla me roza el tobillo y caigo hasta la pared blanca del tiempo. Se rompe. Me hiere. Me resulta grato. Amo este dolor, me he magullado con los cristales como metralla infinita. Soy un erizo de púas blancas, opacas, saltan, me miran desde un suelo negro, indistinguible de las paredes, si es que las hay, no saber si existen paredes hace la oscura estancia infinita. ¿Qué pretenden? ¿Pueden mirarme siquiera? No poseen ojos, de ningún tipo que yo conozca. Se alejan un metro, brincando como conejos desmembrados. Comienzan a romperse al caer con el último salto. ...