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Mostrando entradas de julio, 2016

Mi baño

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Cristalina y pura, cúbreme el cuerpo. Abrázame mientras me sumerjo. Sube tu nivel, y yo abro los ojos y veo todo borroso, distorsionado. Las luces se disfrazan de rayos y es tan bello... desearía no salir de aquí. La mugre, la suciedad, se despega de mí poco a poco, te va manchando creando torbellinos de colores que se funden en negro. Opaca me ciegas, y necesito respirar. Vuelvo a emerger y, apartándome el pelo de la cara, inspiro una bocanada de aire que llena y enfría mis pulmones. Entiendo en este mismo instante por qué debo enfrentarme a la realidad.
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Fuimos universos Contuvimos miles de estrellas que nos iluminaron desde dentro. Emanábamos luz, ambos halos se fundían y creaban en su brillo figuras inimaginables. Nos juntamos, los astros chocaron. De la eclosión se dio la fisión; irradiábamos calor que se fue perdiendo y alejando. Poco a poco todo volvió a la calma,  las luces se apagaron y yo volví allí, junto a ti, en tu cama. Fuimos universos

Beretrice

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Antes ni la conocía. Parecía haber estado entre las sombras, acechándome durante un tiempo, escuchando los comentarios que la gente me hacía, leyendo las cosas que yo misma leía a través de mi ordenador, libros o revistas.  Vino un día y me hizo ponerme frente al espejo: lo que antes nunca me había importado se convertía en algo sucio, desagradable. Me palpé todo el cuerpo con las manos, y me daba vergüenza: todo ese cúmulo de carne, huesos y grasa, una especie de horrible materia que no me representaba, y que aún así lo hacía. Miré mi cara, con esos ojos pequeños y tristes, ese pelo indominable, esa nariz torcida, esas pecas que no querían terminar de serlo.  Me susurró al oído que estaba gorda, que era fea, que daba asco. La ignoré, miré hacia otro lado.  Tenía una preciosa sonrisa y unos bonitos ojos verdes. Busqué apoyos en pequeñas virtudes corporales que antes veía, y dejé que pasase el tiempo.  Como una anciana, me apoyaba en el bastón fundamen...

Naufragio

No hay lírica, no hay belleza verbal. Sólo hay mierda, mucha mierda, y la tengo hasta el cuello. Decepciones, y yo decepcionando a alguien. Ganas de levantarme cada mañana que se habían ido perdiendo y ahora trato de recuperar. Necesito un affaire, un amante que me quiera de verdad, sin prejuicios ni enfados, y esa soy yo misma. No me quiero demasiado, ese es el problema. Me había apoyado sobre muchas cosas, y se han ido hundiendo poco a poco, y ahora me veo en las profundidades, y hace frío. Sólo se puede ascender nadando, y el nadar es una acción, que yo debo hacer.

Haszhia

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Era pequeña y frágil, se sentó en el bosque una mañana a finales de invierno. Sólo hubo que esperar unos días para que las nevadas se convirtiesen en lluvia suave, y poco a poco sus raíces fueron penetrando en la tierra, tímidas al principio, esquivando las madrigueras. Más tarde se aferraron al terreno como fuente de vida, y de él bebió agua y sales. Ella sin embargo miraba hacia arriba, hacia el sol que se movía día a día de este a oeste, perseguido por la luna en un ciclo eterno.  Su boca sabía a tierra, a arcilla amarga, y ella degustaba su sabor, que la hacía crecer cada vez más alto entre sus hermanas.  Pronto consiguió sobrepasarlas y sintió cómo la brisa la zarandeaba de un lado a otro sutilmente; sus ramas cortaban las nubes en láminas que le decían adiós en el horizonte. Sin embargo, al cabo de los años en ese desierto de silencio y serenidad, algo perturbó su calma. Sus hermanas caían a uno y otro lado, y con el tiempo lo que antes había sido un frondos...