El Demiurgo
Una vez más, abrió los ojos. El paso del tiempo era casi imperceptible desde aquella burbuja. Comenzó aquel pitido agudo que cada vez se iba tornando en más grave, un chirrío metálico que daba lugar al del movimiento de piezas industriales. Pensó que algún año tal vez uno de los mecanismos fallase y ella no podría salir de allí: se ahogaría en aquel líquido azul viscoso que la cubría por completo. La idea no le desagradaba en absoluto, pero la droga había comenzado a hacer efecto y una sensación de bienestar comenzó a inundarle mientras el fluido que llenaba el tanque que la comprendía se iba desaguando poco a poco. Al minuto la idea de quererse muerta se había diluido de su mente y sólo sentía entusiasmo. Qué habría pasado esta vez. Se vio otra vez allí tirada, desnuda, en aquella sala octogonal. Las paredes blancas se cubrían con pósters de cosas que no reconocía y una especie de arbustos adornaban una de las esquinas en un vago intento de hacerle sentir como en un hogar. Una lámpa...