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Mostrando entradas de junio, 2014

La dama de hielo

Y entre costosos balbuceos le dijo que le quería... Así, como sin venir a cuento; y de nuevo sus blancos ojos se sumieron en una profunda e indescriptible lejanía. Ni era la primera vez, ni sería la última. Aquel momento de conexión con la realidad, el poder de articular unas pocas palabras, aquel nombre desconocido y después... Nada. Sus codos, firmemente apoyados sobre el reposabrazos de la silla de ruedas y las manos, que caían, al final,  inertes, blanquecinas y con marcadas venas azules como si de enredaderas se tratasen. El panorama de cinco largos y dolorosos años. Apoyó la cabeza en su hombro, sin esperar (ni obtener) ninguna reacción por su parte y lloró silenciosamente.