El circo
Habían corrido tiempos mejores entre todos aquellos telones que, replegándose, daban lugar a aquellas funciones las cuales, desde hacía años, no habían variado un ápice. Los pasados gritos del público, las risas de los niños y el fuego de los malabarismos reflejados en sus ojos era lo que alimentaba aún a los cansados circenses. A pesar de la decadencia que la carpa sufría últimamente. El payaso había perdido uno de sus tirantes, y los zapatos comenzaban a quedarle pequeños, dejando que un voluminoso y mugriento dedo del pie le saliese por la suela, ya despegada. La bailarina, a sus 74 años de edad, empezaba a perder la agilidad y la elasticidad de antaño, y había sufrido unas cuantas roturas de fibra en su última gira. La cantante, que llevaba ya un tiempo con gripe, llevaba sus carraspeos y su ronquera consigo allá donde fuese, con una densa bufanda de lana gris y un tazón de leche caliente con miel en las manos del que nunca se desprendía. La calvicie amenazaba el futuro de la...