El coche paró en frente de la mansión. El taxista se bajó y abrió la puerta para que ella pudiese salir sin mojarse, con su pesada maleta de cuero. Él le cedió el paraguas y se volvió a meter rápidamente en el coche, yéndose a los pocos segundos. Ahí se encontraba ella, mirando a través de la enorme verja de hierro, tras la que había un pequeño sendero. Un poco más allá, casi en la puerta principal, antes del porche, se hallaba un túnel de rejas forjado en hierro , lleno de rosales que en sus buenos tiempos la habían hecho sentir como una niña en un cuento de hadas. Pero todo aquello había pasado; ahora sin flores, las plantas eran únicamente una maraña de troncos que se retorcían al rededor de la estructura, sobresaliendo con sus púas. Diluviaba, y el viento amenazaba con tirar una de las planchas que se habían puesto en el tejado para suplir la falta de tejas rotas que, seguramente, habrían caído en otra tormenta años atrás. Deseó no estar allí en ese momento, y dudó un insta...
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Mostrando entradas de septiembre, 2015
El ciclo
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Hundo la pluma en la tinta y la saco sutilmente, dejando que gotee. Por fin la deslizo, acercándola al papel, y apoyándola con un leve gesto. Poniendo así un punto. Un punto y final. A todo este sufrimiento que alguna vez fue felicidad desmedida. Puede parecer sencillo para aquel que no se haya visto involucrado en nada similar. Dejarlo todo atrás, qué fácil, ¿verdad? Pero esta tinta se ha creado con sangre, sangre que un corazón perdía cada vez que cedía para cerrar una discusión, creyendo no herirse. Así es como de un día para otro uno de sus cortes le recuerda que nada ha cicatrizado aún. Y se replantea las cosas. Me replanteo todo . Y es ahí donde decido comenzar a escribir, a recordar, y me doy cuenta de que todo ha merecido la pena, pero que ya no lo hace. Y dibujo el punto final. Así se cierra el ciclo. Estaré perdida hasta encontrar uno distinto y encontrar una nueva trayectoria a todo, curvándose. Retorciéndose hasta retomar su comienzo. O tal vez esto ya sea otro ciclo...
Un ciclo
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Hundo la pluma en la tinta y la saco sutilmente, dejando que gotee. Por fin la deslizo, acercándola al papel, y la apoyo con un leve gesto. Poniendo así un punto. Punto y final. A todo este sufrimiento que alguna vez fue felicidad desmedida. Puede parecer sencillo para aquel que no se haya visto involucrado en nada similar. Dejarlo todo atrás, qué fácil, ¿verdad? Pero esta tinta se ha creado con sangre, sangre que un corazón perdía cada vez que cedía para cerrar una discusión, creyendo no herirse. Pero de un día para otro uno de sus cortes le recuerda que nada ha cicatrizado aún. Y se replantea las cosas. Me replanteo todo. Y es ahí donde decido comenzar a escribir, a recordar, y me doy cuenta de que todo ha merecido la pena, pero que ya no lo hace. Y dibujo el punto final. Así se cierra el ciclo. Y estaré perdida hasta encontrar uno nuevo y encontrar un sentido a todo, curvándose. Retorciéndose hasta retomar su comienzo. O tal vez esto ya sea otro ciclo. El primer día del resto...