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El oren natural

Me meo encima de la gente que dice que la vida son ciclos. El tiempo no es circular, el tiempo es lineal: avanza y se pierde y perderá en el horizonte, dejándonos atrás.  A veces se me caen las pinzas del tendal al recoger la ropa; veo cómo rebotan en los tejadillos de las casas más bajas y acaban cayendo al suelo, separándose en dos porque el muelle que las une sale volando del impacto. Estos días me siento un poco como me siento cuando eso sucede. Pero es constante. Miro hacia abajo y ya es sólo un punto en el patio de luces, lleno de más pinzas y otras mierdas (tal vez alguna colilla, la gente es una cerda): una pinza ya perdida, inútil, rota. Otra pérdida.  Menos mal que con ella no se me han caído las bragas. Mi mente ahora salta a otra imagen. Ser músico y hacer una sola buena canción en tu vida. A veces existir es una mierda. Sigues produciendo, componiendo, currándote unas carátulas y una puesta en escena de puta madre... y la gente te sigue gritando que toque...
Las locas aventuras de la Reina Diana … el comienzo de un nuevo cuento Como un día cualquiera, la reina Diana salió de su castillo para dar una vuelta por el bosque que delimitaba sus tierras. Había cogido aquella extraña costumbre desde lo que entonces llamaba "La Gran Catástrofe". Empezó con una desgracia y no había parado, desde el momento en el que echó al déspota del rey y decidió que en su reino reinaría ella sola. Toda persona que antaño habitaba el castillo había marchado; se negaban a estar a las órdenes de una mujer. A raíz de aquello el lugar había empezado a caerse a cachos, por ejemplo, desde que las fontaneras reales habían partido casi había que ir en balsa de habitación a habitación. Diana estaba un poco cansada de aquella situación, pero aguanta el chaparrón (literalmente) como buenamente podía. En fin, retomemos la historia donde la habíamos dejado... Diana estaba dando una vuelta por el bosque, disfrutando de aquellos árboles que, a pesar de r...

El Demiurgo

Una vez más, abrió los ojos. El paso del tiempo era casi imperceptible desde aquella burbuja. Comenzó aquel pitido agudo que cada vez se iba tornando en más grave, un chirrío metálico que daba lugar al del movimiento de piezas industriales. Pensó que algún año tal vez uno de los mecanismos fallase y ella no podría salir de allí: se ahogaría en aquel líquido azul viscoso que la cubría por completo. La idea no le desagradaba en absoluto, pero la droga había comenzado a hacer efecto y una sensación de bienestar comenzó a inundarle mientras el fluido que llenaba el tanque que la comprendía se iba desaguando poco a poco. Al minuto la idea de quererse muerta se había diluido de su mente y sólo sentía entusiasmo. Qué habría pasado esta vez. Se vio otra vez allí tirada, desnuda, en aquella sala octogonal. Las paredes blancas se cubrían con pósters de cosas que no reconocía y una especie de arbustos adornaban una de las esquinas en un vago intento de hacerle sentir como en un hogar. Una lámpa...

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  En un mundo en el que nada tiene sentido, habéis legitimado el odio. Si el único significado es ser, lo habéis aniquilado. Y quién es quien pierde la libertad de ser. Sois culpables. Sois culpables de la muerte, del rechazo. Sois culpables del malestar de una nación que tanto decís defender. Acabo de terminar de leer Nada. Ahora me han vetado en la biblioteca por devolverlo tarde. Mierda
Volvió a estar perdida en un mar de niebla, y ni todas las metáforas del mundo serían capaces de describir aquella densidad húmeda que notaba al respirar. Iba ciega y sin fuerzas, no sabía hacia dónde dirigirse porque el sentido de la orientación le había fallado hace mucho. Se movía, zaraneándose de un lado a otro, hacia tenues lucecillas blancas que a veces vislumbraba en el horizonte, pero que se apagaban al poco tiempo. En realidad todo era blanco a su alrededor, se había sumido en una daltonía emocional considerable. Ahora, cómo saldría de ella no lo sabemos aún. Quizás estaría bien tratar de remontarnos a los días despejados, en los que la luz era cálida, y veíamos dónde pisábamos; pero quedan tan lejanos que esta niebla que nos enturbia la mente también lo hace con esos recuerdos. Todo cambia y todo avanza, nos repetimos sin cesar

La riña infinita

Nació, con casi total seguridad, una tardenoche de dosmildiecisiete: era algo que alguien hacía mal. Pero su gestación no fue corta, ciertamente, hace falta saber callar para alimentar a la bestia de las palabras, si las dices (las correctas) ella no crece -o hubiese crecido- y nunca habría llegado a ver la luz. Pero, PERO, la bestia creció y fue alumbrada entre sollozos, sangre y lágrimas y se alimentó de las otras bestias que ya poblaban la tierra. Así, de vez en cuando, y cada vez con más fuerza, aparecía en nuestras vidas, y comía más palabras calladas y más palabras mal dichas. Al poco tiempo se comenzó a sustentar también de gestos de desprecio, no desaprovechaba oportunidad para aparecer y susurrar en nuestros oídos lo que el otro había hecho mal, lo que nos había hecho sufrir, lo que sentía o dejaba de sentir, lo que me pedía, lo que no me pedía o lo que quería o no quería hacer. Para cada uno se disfrazó de una manera, la riña adapta sus vestiduras a los hábitos de cada...