Volvió a estar perdida en un mar de niebla, y ni todas las metáforas del mundo serían capaces de describir aquella densidad húmeda que notaba al respirar. Iba ciega y sin fuerzas, no sabía hacia dónde dirigirse porque el sentido de la orientación le había fallado hace mucho. Se movía, zaraneándose de un lado a otro, hacia tenues lucecillas blancas que a veces vislumbraba en el horizonte, pero que se apagaban al poco tiempo.
En realidad todo era blanco a su alrededor, se había sumido en una daltonía emocional considerable. Ahora, cómo saldría de ella no lo sabemos aún.
Quizás estaría bien tratar de remontarnos a los días despejados, en los que la luz era cálida, y veíamos dónde pisábamos; pero quedan tan lejanos que esta niebla que nos enturbia la mente también lo hace con esos recuerdos.
Todo cambia y todo avanza, nos repetimos sin cesar

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