Estos días en el hospital me están dejando más tiempo para disfrutar de la compañía de mi familia. Siempre que les veo siento mis emociones más a flor de piel. Frente a ellos estoy más expuesta, más débil, y me cuesta más mantenerme en pie. Me sucede sobre todo con mi madre: ante ella me siento frágil, vulnerable; soy capaz de engañarle con mis palabras pero no de hacer que mis acciones bailen en torno a mi farsa. Si me quedo a solas con mi madre y me hace esa temida pregunta: "¿qué tal estás?"... No soy capaz de aguantar mis lágrimas. Y tras eso, por mucho que me esfuerce, no puedo admitir del todo lo mucho que me avergüenzo de ser yo misma. Para el resto de mis parientes soy fuerte y extravertida, nunca dejo entrever mis debilidades. Soy animada y evito las confrontaciones, cada vez que algún tema se desvía y hago referencia a algún desajuste o debilidad mías mi hermana se niega a escucharme, no quiere ver la verdad. Crecí entre personas fuertes, que con dedic...