13/Abril/2013
Debía subir a la superficie bajo cualquier circunstancia. El denso aire y un olor agrio y repulsivo se le introducía en los pulmones y le dificultaba la respiración. Siguió desplazándose por el estrecho y húmedo túnel. Sus manos se hundían en el fango, impidiéndole gatear fácilmente tan agachada como podía. En las paredes de piedra, pequeños insectos y arácnidos corrían a esconderse entre las grietas, al divisar tan extraño intruso. Tan oscuro estaba el túnel como una noche sin luna y esto le obligaba a entre cerrar los ojos como tratando de percibir las formas que, entre sombras, describían los diferentes túneles por los que debía pasar.
El pelo, pegado a su frente a causa de sudor, le caía más allá de los hombros y se enganchaba en la escasa vegetación que surgía del barro y trepaba por las paredes.
En un último esfuerzo, procuro seguir gateando a una velocidad constante, sin perder el ritmo. Deseaba salir de allí cuanto antes, dejar todo atrás y olvidar, junto a ese claustrofóbico túnel, el oscuro pasado que le precedía.
Vislumbró una luz que procedía de alguna parte a lo lejos y el corazón comenzó a palpitarle más deprisa al aparecer lo que podría indicar una posible salida. Observó el techo y vio que era más alto cada vez y que, unos metros más allá, podría ponerse de pie. A tientas, colocó las manos sobre las paredes a los laterales de la gruta y percibió cómo varios seres con alargadas patas le correteaban por ella. Se levantó lentamente debido a que tenía las piernas entumecidas , sin erguirse demasiado por miedo a golpearse en la cabeza.
Apoyándose en la piedra, siguió caminando siempre siguiendo las que , creía, eran las bifurcaciones más iluminadas, deseando que no oscureciera para no perder su única forma de guiarse y tener que esperar hasta el siguiente amanecer. Tras caminar torpemente durante media hora a causa del barro, pudo sentir cómo el aire se hacía más fresco.
En cuanto tuvo la certeza de ir por el buen camino, se atrevió a mirar atrás, pero solo diferenció la más oscura de las tinieblas.
El pelo, pegado a su frente a causa de sudor, le caía más allá de los hombros y se enganchaba en la escasa vegetación que surgía del barro y trepaba por las paredes.
En un último esfuerzo, procuro seguir gateando a una velocidad constante, sin perder el ritmo. Deseaba salir de allí cuanto antes, dejar todo atrás y olvidar, junto a ese claustrofóbico túnel, el oscuro pasado que le precedía.
Vislumbró una luz que procedía de alguna parte a lo lejos y el corazón comenzó a palpitarle más deprisa al aparecer lo que podría indicar una posible salida. Observó el techo y vio que era más alto cada vez y que, unos metros más allá, podría ponerse de pie. A tientas, colocó las manos sobre las paredes a los laterales de la gruta y percibió cómo varios seres con alargadas patas le correteaban por ella. Se levantó lentamente debido a que tenía las piernas entumecidas , sin erguirse demasiado por miedo a golpearse en la cabeza.
Apoyándose en la piedra, siguió caminando siempre siguiendo las que , creía, eran las bifurcaciones más iluminadas, deseando que no oscureciera para no perder su única forma de guiarse y tener que esperar hasta el siguiente amanecer. Tras caminar torpemente durante media hora a causa del barro, pudo sentir cómo el aire se hacía más fresco.
En cuanto tuvo la certeza de ir por el buen camino, se atrevió a mirar atrás, pero solo diferenció la más oscura de las tinieblas.
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