El Demiurgo
Una vez más, abrió los ojos. El paso del tiempo era casi imperceptible desde aquella burbuja.
Comenzó aquel pitido agudo que cada vez se iba tornando en más grave, un chirrío metálico que daba lugar al del movimiento de piezas industriales. Pensó que algún año tal vez uno de los mecanismos fallase y ella no podría salir de allí: se ahogaría en aquel líquido azul viscoso que la cubría por completo. La idea no le desagradaba en absoluto, pero la droga había comenzado a hacer efecto y una sensación de bienestar comenzó a inundarle mientras el fluido que llenaba el tanque que la comprendía se iba desaguando poco a poco. Al minuto la idea de quererse muerta se había diluido de su mente y sólo sentía entusiasmo. Qué habría pasado esta vez.
Se vio otra vez allí tirada, desnuda, en aquella sala octogonal. Las paredes blancas se cubrían con pósters de cosas que no reconocía y una especie de arbustos adornaban una de las esquinas en un vago intento de hacerle sentir como en un hogar. Una lámpara de pie de los setenta y una copia de un blu-ray de Amelie estaban tiradas en el suelo a su lado. Aquello no tenía ningún sentido, pero nunca lo había tenido; a veces se esforzaban en hacer su despertar un poco más amable tratando de ponerle cosas de su época, aun sin entender el funcionamiento de ninguna de ellas.
La ruptura de internet había mediado mucho en aquel desastre.
Pronto llegó Alicia. Alicia había estado allí ya en el último amanecer. Era una chica menuda, con el pelo largo y rizado recogido en una coleta.
- Feliz año nuevo - le dijo con una sonrisa, mientras le ofrecía el montón de ropa meticulosamente doblada que llevaba en las manos. Eva se incorporó animada
Comenzó aquel pitido agudo que cada vez se iba tornando en más grave, un chirrío metálico que daba lugar al del movimiento de piezas industriales. Pensó que algún año tal vez uno de los mecanismos fallase y ella no podría salir de allí: se ahogaría en aquel líquido azul viscoso que la cubría por completo. La idea no le desagradaba en absoluto, pero la droga había comenzado a hacer efecto y una sensación de bienestar comenzó a inundarle mientras el fluido que llenaba el tanque que la comprendía se iba desaguando poco a poco. Al minuto la idea de quererse muerta se había diluido de su mente y sólo sentía entusiasmo. Qué habría pasado esta vez.
Se vio otra vez allí tirada, desnuda, en aquella sala octogonal. Las paredes blancas se cubrían con pósters de cosas que no reconocía y una especie de arbustos adornaban una de las esquinas en un vago intento de hacerle sentir como en un hogar. Una lámpara de pie de los setenta y una copia de un blu-ray de Amelie estaban tiradas en el suelo a su lado. Aquello no tenía ningún sentido, pero nunca lo había tenido; a veces se esforzaban en hacer su despertar un poco más amable tratando de ponerle cosas de su época, aun sin entender el funcionamiento de ninguna de ellas.
La ruptura de internet había mediado mucho en aquel desastre.
Pronto llegó Alicia. Alicia había estado allí ya en el último amanecer. Era una chica menuda, con el pelo largo y rizado recogido en una coleta.
- Feliz año nuevo - le dijo con una sonrisa, mientras le ofrecía el montón de ropa meticulosamente doblada que llevaba en las manos. Eva se incorporó animada
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