Cartas a Lilith
Tal vez donde tú habites también haya pájaros, urracas que
cruzan el cielo y se posan sobre postes eléctricos. Igual el sol se pone a las
seis y diez, justo hoy veinticinco de diciembre de dosmildieciocho, y quizás
también estás lejos de todo lo que alguna vez has considerado hogar.
Sin embargo, no me importa. Nuestra relación será
unidireccional. Sé que ya no vives allí donde siempre te encontraba para ir
juntas a merendar. Quiero pensar que en algún momento volverás a habitar tu
morada, y llegará el día en el que enciendas la lumbre y, quitándote un denso
abrigo de piel, te tires en el sofá ya polvoriento mirando de reojo todas estas
cartas que estarán arrastradas detrás de la puerta a tu paso, cartas húmedas
respirando el aire del mar que entra a través del buzón.
Pasados ya dos años desde nuestro proyecto conjunto, aquello
que las tres intentamos construir, a veces pierdo la esperanza de volver a
verte. Sin embargo, no perderé la posibilidad de volver a hablarte y sé de
buena mano que aunque no estés aquí para recibir mis mensajes el aire, que
siempre sopla a tu favor, te susurrará al oído las palabras que aquí te
escriba. Te conozco bien, nunca lo olvides.
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