El mundo humano uno


Ya no se le ocurría cómo podía hacerle entrar en razón. Había salido a la calle a despejar sus ideas un rato y estaba apoyada contra la cristalera del bar. Pidió un cigarro a un grupo de chavales que estaban a su lado y le dio una larga calada. Mañana se arrepentiría, se despertaría con la boca reseca y ganas de vomitar, odiaba el tabaco. Pero necesitaba algún modo de reflejar su ansiedad. Estaba hasta las gónadas de su hermana, le había explicado la situación de mil maneras diferentes, era la única manera de conseguir seguir las tres juntas y aun así ella se mostraba reticente, ponía pegas a todo, tenía miedo, miedo de verdad. Pero muchas cosas nos dan miedo alguna vez y tenemos que hacerles frente, desde ir a hacer la compra un día, mudarse de ciudad hasta descubrir que tienes VIH: lo miras con perspectiva, paras unos segundos a pensar y sigues adelante, porque la otra opción siempre es peor.
Apagó el cigarro contra el bordillo y lo tiró a una papelera que había al lado de la puerta antes de entrar. Aquel bar tenía el ambientador más fuerte que haya existido jamás, casi daba ganas de llorar, pero a los cinco minutos una se acostumbraba. Y la música tampoco estaba tan mal.
Se sentó al lado de su hermana y puso los codos sobre la mesa, apoyándose en una de sus manos.
-          ¿Dónde se ha ido Mo?
-          Está en el baño – Beretrice aún tenía los ojos llorosos.
-          Mira… no te quería tratar así, no te debería haber dicho esas cosas. Siento frustrarme tanto, debería entender que cada una tenemos un ritmo a la hora de tomar decisiones y sé que esta no es fácil pero… - Se arrimó y cogió del hombro a su hermana, acercándola hacia sí- es que quiero estar con vosotras. Quiero intentarlo, al menos. Creo que ya hemos pasado suficiente tiempo separadas. Y sé que apenas nos conocemos, y que este proyecto igual termina siendo un auténtico desastre pero mira, quiero intentarlo porque bueno… os quiero. Os quiero a las dos.

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