Un día me desperté y no estabas.
Al principio pensé que sería una extraña fase vital, como otras cuantas en las que me había visto involucrada.
Pero pasaron los minutos: desayunando, leía el periódico y te sentía aún más lejos.  Horas, días, semanas, años...
Primero creí poder encontrarte en los lugares en los que los demás lo hacían: en mis amigos, mi familia, mi trabajo... mi pareja... pero no estabas.
El aire, la música, algún deporte, proyectos, metas... pero no estabas.
Te busqué ya en cosas menos comunes: en el atronador ruido del bullicio de una ciudad en hora punta, en el más absoluto silencio del corazón de un bosque, en el sonido del mar; en la oscuridad y la luz de una vela, del sol... pero no estabas.

Tras cada puerta, bajo cada piedra, al final de cada escalera, al doblar cualquier esquina, esperaba encontrarte...
Fui al psicólogo y no sirvió de nada.
Pasé una semana en mi cama, durmiendo, descansando de mi propia vida, y no sirvió.
Al tiempo, me cansé de buscar y esperé... no apareciste...
No lo entiendo.
Así, de repente.
Te echo de menos.

Eras el porqué y el cómo. Y ya no existes.

Has desaparecido, lo he de asumir. Y no es fácil. Y por todo ello, elijo la vía más cobarde, pero para la cual hay que tener más valor que nadie. Irónico.
No creas que no he reflexionado suficiente porque no miento al decir que lo he pensado, repensado... y vuelto a pensar.
La esperanza que había depositado en tu improbable aparición se convirtió en miedo poco a poco, y ahora es terror, tristeza infinita y absoluta.

Cada vez que me asomo al acantilado siento cómo mi alma, que se encuentra en el fondo de esas aguas negras y profundas, bajo mis pies, me llama con el sonido del chocar de las olas contra las rocas, esperando la fusión con mi cuerpo, que aún sigue aquí. La gravedad se incrementa, tira de mí hacia abajo, y debo luchar para no caer en la tentación.
No me quedan fuerzas.
Así que volveré a subir a ese acantilado.
Y no estarás cuando caiga; y el agua y la piedra se vayan acercando a mí velozmente.
Pero creo que necesito esa sensación, ese no sentir tu hueco, porque no hay nada.
El haber existido y no hacerlo ya.



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