La ausencia, el roce, las ascuas...



        Vivo tumbado en el centro oscuro de un reloj sin engranajes, son ruedas lisas y cordones de púrpura líquida plata, quizá por la luz, quizá porque con los ojos cerrados o en la oscuridad los colores son ninguno y todos a elegir, son los que dices:-Esto es verde...ea.-y te tienes que hacer caso, ¿a quién si no?. Vivo con la certeza de no saber nada en concreto, y vivo me encuentro con que una ágil manecilla me roza el tobillo y caigo hasta la pared blanca del tiempo. Se rompe. Me hiere. Me resulta grato. Amo este dolor, me he magullado con los cristales como metralla infinita. Soy un erizo de púas blancas, opacas, saltan, me miran desde un suelo negro, indistinguible de las paredes, si es que las hay, no saber si existen paredes hace la oscura estancia infinita. ¿Qué pretenden? ¿Pueden mirarme siquiera? No poseen ojos, de ningún tipo que yo conozca. Se alejan un metro, brincando como conejos desmembrados. Comienzan a romperse al caer con el último salto. Se reducen a polvo, un polvo ahora azul; ¡no, es rojo!, a-ahora amarillo, y lila, y blanco y granate y marrón, translúcido, negro. Desaparece. De pronto comienzo a distinguir un tono grisáceo en el lecho invisible del polen de púas. Se alza antropomórfico. Desnudo y de espaldas. Pequeño o lejano.

-¿Hola?
-...........-silencio.-
-Hola,....¿sabes hablar?.....¿qué eres?......¿por qué eres?......¿por qué en mi sueño?......¿de qué trata este sueño?......¿qué procura este sueño?.....
-................,¡Kaixo!

Son cadenas que tamborilean, de óvalo en óvalo de liso acero, hasta derretir el silencio y vaporizar el telón de sombra como una cortina de humo negro .

Son las tierras que grises, rojas, que doradas y tan húmedas como áridas despojan la nitidez de mis ojos. Son tierras extrañas. Son tierras que deciden. Son tierras autómatas. Son tierras que sienten, tierras que ríen y tierras que mueren. Tierras que viven y tierras que lloran. Son tierras redondas, son planas y abruptas como colinas de agua. De agua negra. De agua de sollozos, salada. Salada y fría, cálida, helada, hirviendo. Agua. Tierra. Son tierras de agua. No. Es agua. Agua enterrada, es agua que moja la tierra.

Las cadenas han desaparecido junto con el velo que con el que se tapaba la silueta de una mujer que desnuda se había formado ante mis ojos desnudos. El barro de lágrimas y mugre fue un sueño que no formaba parte del mismo sueño, o quizá sí y el mismo sueño había comenzado siendo un prefacio del verdadero sueño del tibio fango. Pero entonces vivía en un epílogo que recordaba al prólogo de una visión sin sentido. No. Ja. El sueño estaba ante mí, siquiera comenzando.

-Hmm, sí, esto... ¿qué er...¡qui-quién!...¿¡quién eres?! ¿estás bien?
-........-acuclillada, ya sin la manta inlúmina, permanece con el signo único de vida del movimiento de su respiración.-.......
-No sé qué hacer por vos,......me gustaría abrazarla, si me lo permite, debe estar helada, aunque no más que yo.

La habitación sin fin oteable no movía el aire ni un ápice, y el frío aumentaba poco a poco. No había notado ninguna temperatura jamás, en la copa del reloj no sentía nada que no fuese el calor del rozamiento de las manecillas. Ahí "abajo" no había nada, y lo había todo. Al acercarse se siente las piernas por primera vez, y se almuerza uno el suelo de impoluta obsidiana. Al incorporarse ya se siente más o menos firme al usar los brazos como una pértiga de malabarista. Se acerca ella o yo, no lo sé, no se siente el suelo al moverme, ni tampoco siento que el suelo se mueva bajo mis pies. La piel está templada al rozar a la mujer con el dedo índice, y siento que me estremece un calor sofocante el estómago. ¿¡Quéee!?

Se quiebra el espacio que habitábamos ya una eternidad, o un maldito minuto quizá. Se quiebra el espacio y ajedrezante se pliega sobre sí mismo y hacia fuera a la vez. Los cuadrados bidimensionales vuelan en todas direcciones abriendo una ventana que se convierte en un mundo de verdes praderas como dunas, y nada más, solo veo praderas infinitas, y nada. Nadie. Yo. Deseo despertarme, pero no puedo, lo deseo tanto como para convertirlo en pesadilla. No hay nadie, coño, ni la chica. Avanzo un paso con las manos buscando la estabilidad en su piel y siento la hierba, se me cuela entre los dedos de los pies, y está tan fría como cálido siento un sol de repente en lo alto de la infinidad terrenal. Pienso:-Las doce del medio día.-y cuando me giro sobre mí mismo para comprobar el paraíso en el que duermo me encuentro un árbol. No una titánica encima milenaria, no. Es casi un arbusto. Un pequeño árbol desnudo con apenas diez ramas que salen de su copa y crean arcos desde el centro hacia fuera y hacia abajo. Una verde hoja en cada punta de las ramas, limpio el tronco hasta los arcos. De las puntas. De las puntas cuelgan libros, bastante gruesos como para que las finas ramas los soportasen. Es un sueño, no sé qué espero de veraz tras romper el tiempo y ver una mujer hecha de púas de cristales de colores cambiantes. Arranco un libro y lo ojeo. El libro está encuadernado en tapas marrones y duras, con una franja entre morada y rojiza en diagonal. Pienso:-un alfil pintor se ha manchado las botas.- determino que soy gilipollas una vez más y continuo con la ojeada.

Abro la portada y la primera página está en blanco, y la paso. Segunda, con un cuarto de línea en la parte superior derecha de la hoja, por delante: YO.-nada más escrito, pues es al parecer un manuscrito. Paso a la tercera. Y me silba una ráfaga de viento al oído despeinándome hacia la izquierda y haciendo pasar la página directa y bruscamente.

Está en blanco, como todo el libro. Paso las página rápido con el pulgar en el lateral de éstas y el índice al final de las hojas. Se crea un tornado. Absurdo. El tornado que sale del libro me arroja al suelo de espaldas y caigo sentado. El libro sale disparado hacia delante, y lo sigo con la mirada, y el árbol se ha transfigurado.


Ahora es la chica de la habitación a oscuras, y se deshace de su posición acuclillada y se levanta. Se gira. Camina hacia mí. Se agacha, la sombra del pelo le cubre la cara en sombras y desconocible hasta la nariz. Se inclina, hacia mí. Oigo y siento sus labios en mi oreja, su saliva. Inspira. Habla: Yo....Irati.










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