No comienzo a escribir esta entrada con nada en mente, la verdad. El título será obra de la obligación al haberla terminado, pero, sin embargo, quiero escribir algo aunque se trate únicamente de un cúmulo de palabras vagas y sin sentido.
Cuando era pequeña me caí dentro de una piscina y nadie se enteró hasta que conseguí salir por mis propios medios y fui a decírselo a mi madre, calada de pies a cabeza. Tengo tanatofobia, y creo que es una etiqueta que yo misma le pongo para no admitir mis anormales paranoias acerca de la muerte. No serán una o dos veces las que estoy junto a mi abuelo y tengo ganas de llorar, porque siento lo mismo que sentía con mi abuela cuando tenía Alzheimer. Temo el momento en el que uno comienza a perder la mente, el reconocimiento y el recuerdo, porque creo que nosotros mismos somos ese recuerdo, y nos olvidamos de nuestro propio ser. Cuando era pequeña, de nuevo, tuve un tiempo miedo a tragar tras leer en una revista que los humanos éramos los únicos animales capaces de atragantarnos por la evolución de nuestras cuerdas vocales, y apenas comía. Tenía, también, temor a dormirme, a perder la consciencia y conciliaba el sueño muy difícilmente y por este mismo hecho creo que sería incapaz de dejar que me durmiesen para cualquier tipo operación en quirófano sin entrar en pánico.
Tengo un agudo síndrome de Diógenes difícilmente tratable y un gusto estético particular.
Cuando no puedo contener mi propia rabia veo tomas de películas gore para tranquilizarme.
Tengo miedo de sobrepasar la línea entre ser extraña y estar necesitada de ayuda psicológica o psiquiátrica.
Muchas veces ni siquiera yo podría proponer motivos para mis actos, irracionales. Me imagino mi cerebro como un montón de engranajes que giran a un lado u otro, rotan sobre sí mismos y conectan con otros diferentes, sin sentido aparente, y se van oxidando a lo largo del tiempo, hasta pararse por completo.
Siendo una niña, mi madre me decía que a mi abuela se le apagaban las bombillas que tenía en la cabeza y yo me imaginaba cómo estas iban perdiendo la luz poco a poco, hasta volverse oscuras y profundas.
Creo que no se puede creer en el amor hasta amar, y que nada, nunca, es un error.
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En un mundo en el que nada tiene sentido, habéis legitimado el odio. Si el único significado es ser, lo habéis aniquilado. Y quién es quien pierde la libertad de ser. Sois culpables. Sois culpables de la muerte, del rechazo. Sois culpables del malestar de una nación que tanto decís defender. Acabo de terminar de leer Nada. Ahora me han vetado en la biblioteca por devolverlo tarde. Mierda
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