En cuanto la noticia llegó a la aldea se corrió la voz a una velocidad espeluznante, tal rapidez que hacía dudar de la posibilidad de la existencia de una especie de red psíquica interconectada entre todas las mujeres de más de ochenta años de aquel pueblo ( de aquel, y de cualquier pueblo de menos de mil habitantes, según mis acaloradas investigaciones bajo el flexo de mi mesa de trabajo). Ella estaba embarazada. 

Pero, ¿quién era el padre? Este dato escapaba del conocimiento de las señoras que podían hacer competencia al mismo FBI, y , sin embargo, no podían llegar a ninguna hipótesis convincente.

- Pues este último año no ha salido nada la chiquilla eh, todos los días ha estado su coche frente a casa a las ocho y cuarenta y tres. Y siempre ha venido sola.

- Y aquella vez que...?

- Una mujer era la acompañante. Que no, que te digo yo que por esta calle no pasa hombre sin yo saberlo, y haber no ha habido ninguno. Un misterio es.

- La noté rara desde que vino, dije yo que no queríamos gente extraña por aquí, pero se empeñaron a vender el viejo casetón para poder pagar la universidad de los hijos...

- Gran reforma hizo, y buenos mozos eran los albañiles, aunque no eran de aquí. Uno había pasado la frontera bajo un camión. Oíste? Y creo que acabó liado con...

- Calla, calla... Buena la hizo la familia con esa niña. Pero no es este hoy el tema que nos interesa. ¿De cuánto estará la otra?

- De cinco meses, digo yo. Después de siete, una se va dando cuenta de cómo evolucionan estas cosas. Niño es, la vi trayendo tomates frescos el otro día, con mis tres varones, tomates estuve comiendo yo como una descosida.

- Nada tienen que ver tus antojos con los del resto.
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