Según entro hoy en casa mi madre, sentada en un sillón leyendo, después de una conversación vacía y rutinaria, me suelta una especie de bomba sobre el pecho:
- En psicología en Donosti piden un 6'5.
Y entonces me doy cuenta. Entrecerrando algo los ojos, la miro con desconfianza:
- ¿ Quieres que vaya a estudiar allí, verdad?
Silencio.
Alzo las cejas, aún esperando una respuesta.
- Es que es una especie de conexión... de aquí, con allí.
Dolida, me dispongo a irme: - No soy tu lazo de conexión.
- Tú eres parte de mí y ellos son tu familia.
Vuelvo sobre mis pasos.
- Son también la tuya, y tú tienes la elección de establecer un lazo con ellos. Yo también quiero poder tomar esa elección, pero déjame libertad para hacerlo, tengo una vida paralela a la tuya, como un ente propio, una persona completa, no "una parte de ti".
Marcho, entonces, con un cabreo considerable.

Puede parecer una exageración y un absurdo que esta conversación pueda haber repercutido un mínimo en mi pensamiento, o que haya podido afectarme de esta manera.




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