Colecciones de mi mesilla de noche
Colecciona tazas de Cola Cao, té y caldo de pollo. Colecciona pasas de las mezclas de frutos secos, porque no me gustan. Colecciona chapas de mis películas favoritas, collares, pintauñas, tapones para los oídos y gafas.Pero eso, en realidad, no son las cosas bellas que coleccionaría si gozase de una memoria audiovisual.
Aquellas cosas que surgen cuando las luces se apagan y tu mente comienza a desvariar y viajar de un lado a otro, despierta o dormida, sola o en compañía.
Entonces sí, realmente, tendría la colección que yo más apreciaría del mundo. Una que me hizo creer que para llegar a lo más alto no es necesario volar.
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