[ Este pequeño texto tiene ya unos meses, no lo publiqué en su momento porque no me pareció necesariamente compartible, pero ahora que ya ha pasado un tiempo, no me gustaba verlo ocupar sitio en mi lista de borradores.]
Creo que es el miedo a afrontar la verdad lo que me trata de impedir escribir lo que seguramente mataré en pocas líneas, que, irónicamente, contendrán lo que me ha ido matando poco a poco en pequeñas dosis de sufrimiento que considero inadmisible.
No es miedo; creo que traspasa sus fronteras. Es terror... pánico.
Es el hundir mis manos en mi cabello y presionarme el cráneo... apretar los dientes, y no poder impedir que las lágrimas fluyan, rezando a la Nada que termine pronto. Y no termina.
Es, tal vez, el hecho de tratar de entender un concepto que escapa a nuestra razón. Que tiene una definición que todos conocemos, pero no admito. Porque una cosa es una definición: palabras. Y otra cosa es la realidad, que cae sobre mí como un mazo de puro plomo y se me hunde en el pecho, fracturando las costillas.
Puede ser el pensar demasiado...
Ya desde pequeña, me he imaginado el infinito como una maraña de nudos que nunca terminaba, un garabato eterno. Es así como siempre he representado el antes de la vida, del nacimiento, de la presencia de mí misma sobre la faz de la tierra, esa nada de mi persona. Después, la vida es una pequeña línea recta que sale del garabato, corta, y , en realidad, lo único que tenemos como entes. Yo sólo soy mientras vivo, después, no soy nada, y vuelvo a ese sinfín de garabatos, que nunca más volverán a ser una línea recta en la que pueda volver a sentir, a ser alguien, a ser yo.
Lo escribo como si fuese algo irreal y no me afecta un ápice. Es extraño.
¿Tú crees poder contener la idea en tu mente del infinito? ¿Del infinito siendo nada?
No es el sufrimiento que antecede a la muerte lo que me aterra ( no lo venero, claramente, pero no es motivo de mis ¿"crisis"?)
Odio habar de ello, porque al plasmarlo creo parecer una loca.
Y lo parezco.
Pero para mí es algo real.
Creo que es el miedo a afrontar la verdad lo que me trata de impedir escribir lo que seguramente mataré en pocas líneas, que, irónicamente, contendrán lo que me ha ido matando poco a poco en pequeñas dosis de sufrimiento que considero inadmisible.No es miedo; creo que traspasa sus fronteras. Es terror... pánico.
Es el hundir mis manos en mi cabello y presionarme el cráneo... apretar los dientes, y no poder impedir que las lágrimas fluyan, rezando a la Nada que termine pronto. Y no termina.
Es, tal vez, el hecho de tratar de entender un concepto que escapa a nuestra razón. Que tiene una definición que todos conocemos, pero no admito. Porque una cosa es una definición: palabras. Y otra cosa es la realidad, que cae sobre mí como un mazo de puro plomo y se me hunde en el pecho, fracturando las costillas.
Puede ser el pensar demasiado...
Ya desde pequeña, me he imaginado el infinito como una maraña de nudos que nunca terminaba, un garabato eterno. Es así como siempre he representado el antes de la vida, del nacimiento, de la presencia de mí misma sobre la faz de la tierra, esa nada de mi persona. Después, la vida es una pequeña línea recta que sale del garabato, corta, y , en realidad, lo único que tenemos como entes. Yo sólo soy mientras vivo, después, no soy nada, y vuelvo a ese sinfín de garabatos, que nunca más volverán a ser una línea recta en la que pueda volver a sentir, a ser alguien, a ser yo.
Lo escribo como si fuese algo irreal y no me afecta un ápice. Es extraño.
¿Tú crees poder contener la idea en tu mente del infinito? ¿Del infinito siendo nada?
No es el sufrimiento que antecede a la muerte lo que me aterra ( no lo venero, claramente, pero no es motivo de mis ¿"crisis"?)
Odio habar de ello, porque al plasmarlo creo parecer una loca.
Y lo parezco.
Pero para mí es algo real.
Comentarios
Publicar un comentario