Mi gamusino



Me miró con esos penetrantes ojos purpúreos, ladeando ligeramente la cabeza, esperando una respuesta a una pregunta no formulada. Agitó casi imperceptiblemente las plumas de sus alas, aunque sin conseguir paliar del todo el nerviosismo que le invadía y abrió ligeramente su hocico dejando entrever unos afilados colmillos de marfil .
Todo estaba en silencio exceptuando los latidos de nuestros corazones, que se escuchaban como una percusión mitigada por el esternón, la carne y las costillas. 
No debía decir nada pero a la par quería decirlo todo. El aceite del candil que nos iluminaba comenzaba a consumirse, y las sombras de nuestros cuerpos se retorcían proyectadas en las paredes, agonizantes.
- ¿ No lo sabe, verdad?
Las palabras salieron de mi garganta con una voz rota, como partidas por el hacha que era mi razón. Mi cerebro amenazaba con expandirse tanto que haría estallar mi cabeza. Notaba cómo presionaba mi cráneo desde dentro. El pitido de mis oídos eclipsó cualquier sonido, mientras que sus ojos rojos se fundían en gris y golpeaba suavemente el suelo con sus tentáculos.
Su pico se movió, repiqueteando y emitiendo un grave gruñido amistoso, que entendí de afirmación. 
Esperé aún unos segundos para volver a abrir la boca. Traté de humedecer mis labios, pero mi lengua estaba reseca y notaba una extraña sensación pastosa en la garganta. Tragué nada en absoluto y millares de afiladas agujas se clavaron en mis amígdalas.
- Entonces... entonces creo que eso es todo.
Sus cuernos se elevaban en ese momento hasta el techo de la habitación, y golpearon los cristales que de él pendían creando un extraño pero melodioso sonido. Al oscilar, reflejaron la luz del candil, formando destellos que se mezclaron con nuestras sombras y se reflejaron en su córnea azul intenso. Las pezuñas rozaban el suelo de madera, que crujía bajo su peso, y su cola se movía de un lado para otro, cortando el aire con sus púas.
Amagó un movimiento de acercamiento, pero las líneas de tiza sobre el suelo se lo impidieron. Pensé entonces que tal vez el espacio era demasiado limitado, no tanto para él sino para mí. Mis articulaciones parecían no poder sostener el peso de mi cuerpo y las rodillas temblaban. Comenzaba a flaquear, pero eso ya no importaba.
Con mis últimas fuerzas, di un paso al frente, saliendo del círculo, y rompiendo así la única protección que tenía. Sin embargo, ya no necesitaba protegerme, no era necesario...  Me tendió su mano, de afilados dedos, acabados en garras, y vello espeso. Irguió las orejas, en espera a mi reacción. La cola, ahora lacia, se extendía por el suelo, creando una alfombra de tupido pelo rojo, marrón y naranja. Yo era incapaz de moverme por mi propio pie. Cogió entonces con la otra mano la mía, y la puso suavemente sobre la extendida. Su piel escamosa me arañó los dedos. Fui invadida por un frío extremo y sentí cómo mi alma se desprendía de mi cuerpo, que se derrumbó, y caía por un acantilado de aguas oscuras y tenebrosas, adentrándome en la oscuridad. 

El trato estaba cerrado.

Comentarios

  1. Muy interesante blog, Lilith. ¡Aquí tienes una lectora nueva!
    Que sepas que soy tu ídolo. Digo... eres mi fan. Emm... ya tú sabe ;)

    Gros bisou.

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  2. Creo que puedo aventurarme a decir lo mismo!! (aunque por lo que he visto, tienes moral para ponerte a escribir más de vez en cuando jaja)

    Un saludo de esos de mano, hombro... you know \m/

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