Lilith
(Fragmento extraído del libro "Genealogía de una bruja" de Benjamin Laconde y Sebastián Pérez.)
En el corazón de un vergel nacieron, en el mismo instante, Lilith y Adán. Fueron engendrados a partir de arcilla, y fueron los primeros seres humanos que pisaron el suelo de este mundo, todavía virgen. Los recibió una voz ensordecedora, que les dijo que ella se llamaba Lilith y él, Adán, y que habían sido creados para poblar la tierra.
Lilith se olvidó enseguida del mandamiento de la voz, y pasaba largos ratos explorando los rincones de aquel mundo desconocido. Probaba los frutos de los distintos árboles, intentaba comunicarse con los animales y disfrutaba enormemente de los apacibles momentos que se le ofrecían. Lilith intentó compartir los descubrimientos con Adán, pero a él le molestaba que ella fuera tan curiosa. Adán no mostraba interés alguno por conocer el paraíso; quería poblar aquel nuevo mundo y gobernarlo todo.
Naturalmenre, surgió la discordia entre los dos habitantes del Edén. Lilith no soportaba el tono cada vez más autoritario de Adán, así que una noche se fugó. Anduvo errante durante días, y traspasó las fronteras del vergel, hasta que un ángel le dio alcance y le ordenó que regresara. Pero Lilith, impulsada por su terco temperamento, se alejó aún más de Adán y de la voz. Caminó tanto tiempo que llegó al límite, a un lugar donde ya no había árboles ni animales. Habitaban aquel paraje seres que nunca había visto antes. Seres con alas, pero muy distintos de los ángeles que había conocido hasta entonces. Tenían alas negras y les salía cuernos de la cabeza.
Enseguida conoció a Belcebú, que gobernaba ese reino. Él se mostró encantado de verla y, con morboso deleite, la informó de que, durante su ausencia del Edén, había sido sustituida por Eva. Ésta fue creada a partir de la costilla de Adán, y era más tierna y más dócil. La noticia enfureció a Lilith, que se dio cuenta al instante de a quién tenía delante: era Belcebú, príncipe de los demonios.
Lilith sedujo a Belcebú, que nunca antes había visto una criatura como ella, tan apasionada e independiente, y firmaron un pacto: él la ayudaría a vengarse de Adán y Eva y le concedería grandes poderes, pero a cambio ella debía quedarse a su lado para siempre y reinar junto a él en su tenebroso reino. Belcebú adoptó la forma de una serpiente y así logró que Eva mordiera la fruta prohibida y que, como consecuencia, ella y Adán fueran expulsados del paraíso.
Lilith obtuvo su venganza. De su unión con Belcebú, nació una estirpe de voluntariosas mujeres con diversos poderes que se llamaron “brujas” y que estuvieron condenadas para siempre.

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