Cuando tenemos esta extraña sensación que se debate entre melancolía y dolor, y sentimos cómo nuestro pecho se calcifica poco a poco, punzándonos los pulmones.
Luego no queda más que hueso.
Yo siento eso.
Así que voy a arrancarme las costillas, a incinerarlas, prender una fogata con ellas y esperar que se derrita lo que hay en su interior. Recuperar de entre las cenizas un corazón.
...me gustaría compararlo con un fénix, una resurrección que nace de la más absoluta destrucción y miseria de lo que un día fue sano.

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