La realidad
Manché mi cara hasta hacerla irreconicible, buceé en las tinieblas y me rasgué con cada sombra la ropa hasta hacerla harapos. Lamí con negra saliva las heridas de mis manos y lloré densas lágrimas de petróleo que ahogaron mi garganta entre sonoras y desesperadas gárgaras. Fui atropellada en desiertas carreteras y asesinada en soledad.
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